Juguetes Rabiosos
...un aporte a la educación sentimental...
miércoles, noviembre 28, 2007
Estupidez y reacción - Editorial #10 -

El panorama que Sudestada mostraba no era optimista, hablaba desde la bronca y desde la tristeza de sentir que la izquierda se hunde en su propio naufragio, imposibilitada de aportar propuestas serias o al menos bajarse de sus certezas para avanzar dudando. En algunos puntos acordábamos con Sudestada, en otros tomábamos distancia, pero en todos festejábamos que se nos invitara a pensar y a debatir ideas.
Sin embargo –y lamentablemente lo decimos sin asombro- cuando llegó la respuesta en el #38 de El Aromo, periódico de cultura piquetera del grupo Razón y Revolución, en donde se hablaba de los ataques de la revista Sudestada a la izquierda, tras la derrota de Filmus, confirmamos que hay sectores muy importantes de la izquierda que están incapacitados para escuchar y simplemente trabajan desde su escolástica sin permitirse la duda, porque la consideran hermana de la traición.
No vamos a ocuparnos de las múltiples acusaciones con las que RyR intenta lastimar a sus interlocutores (más preocupados en desautorizarlos que en debatir, lo que se llama comúnmente tirar mierda) porque aunque sabemos que la mayoría son falsas -no sólo por faltar a la verdad sino también por omisión- nos interesa más tratar de trabajar sobre las pocas ideas que se elaboran en el artículo, que ya desde el título elige la violencia y la mala fe a la argumentación: Mercachifles al servicio de Su Majestad.
Primera fantasía: Si El Aromo es el periódico de la cultura piquetera, Sudestada en cambio, es leída como la expresión más primitiva de la cultura K. Hay acá ya una trampa, ese supuesto antagonismo entre culturas desde donde uno y otro hablarían parece que no es más que el producto de la imaginación de quienes hacen las páginas de El Aromo. Y esa imaginación está impulsada por el deseo de proximidad con el sector de la clase que dicen representar y por el deseo de que toda crítica venga desde el poder político de la burguesía. Pero, en la realidad, ni unos escriben desde el seno de las organizaciones de trabajadores desocupados ni los otros son testaferros ideológicos del Estado, aunque para RyR sea preferible descubrir al enemigo oculto que hacerse eco de las críticas. Y aquí nos permitimos una pequeña digresión para citar a Trotsky, de quién RyR se pretende continuador: expresiones como “literatura proletaria” o “cultura proletaria” son peligrosas porque falsean la perspectiva, no respetan proporciones, adulteran las medidas y cultivan la peligrosísima arrogancia de los pequeños círculos.
Segunda fantasía: la de La Izquierda como un sector único y cerrado. Pero sabemos hace ya bastante tiempo que La Izquierda, como tal, no existe, que no hay tal cosa como un espacio delimitado donde los revolucionarios se relacionan solamente con otros revolucionarios, no existe la homogeneidad ni en acto ni en idea y, aclaramos por las dudas, no creemos necesario que exista. Lo que hay es un espacio más o menos fracturado en tendencias, posturas ideológicas y acciones prácticas con aciertos, limitaciones y errores. En ese espacio no sólo conviven las organizaciones que se dicen revolucionarias, sino también pequeños grupos y personas que muchas veces inorgánicamente trabajan para producir un cambio social. La tensión entre dispersión y organicidad parece ser un problema fundamental para los partidos de izquierda que, metidos hasta los tuétanos en sus certezas, no entienden cómo alguien no vive, respira y hasta duerme por El Partido o la Organización. Lo cierto es que las personas buscan construir alternativas desde distintos lugares y no siempre consienten en vivir sin preguntarse.
Sea dicho entonces, la acusación de inorgánicos que hace RyR a Sudestada carece de valor político, y hasta de valor moral. Bien podríamos preguntarnos qué hace La Izquierda para que las personas que creen en la injusticia de estas relaciones sociales y la necesidad de un cambio radical tengan la más mínima intención de conocerlos, saber quiénes son, qué proponen, etc. Nos respondemos que lo que hace, comunmente, es tratarlos como infradotados a los que hay que convencer, guiar, cooptar, etc. Quien vive de certezas desprecia a quien duda, a quien no sabe, a quien pregunta. Quienes viven haciendo la revolución en las Grandes Victorias Obreras que narran, de forma épica, sus prensas no reconocen, tal vez por imposibilidad ontológica, que hay más errores que aciertos, y que en su mayoría los errores son producto de la propia estupidez.
Vamos a decirlo claro, creemos que la perdida de legitimidad que vive la izquierda desde el 2001 es el producto de la torpeza – a la que a veces cuesta mucho no confundir con deshonestidad- de los muchos y diversos grupos que dicen, explícita o implícitamente, conocer La Verdad Obrera. Y, más aun, renegamos de su revolución -si es que viene-, y esto simplemente porque la estupidez nos parece tan peligrosa como la reacción.
- a 40 años del asesinato del Che, a 90 de la revolución rusa -
Trotsky lee a Céline
Carta de Cortázar a Fernández Retamar
Carta de Gramsci a Trotsky
- Dossier II Los Mariani
- Roberto Mariani - narrador x Rocco Carbone-
- mariani - poeta - x Adriana Marcus y ana
- Tres poemas de mariani
- Leer - un artículo de Cesare Pavese -
- La operación masacre de Daniel Link x Diego Vecino
- Trabajo, dinero y ocio en la Lit. argentina
- Un cuento de Juan Mattio
jueves, agosto 23, 2007
Alt está vivo - Editorial #9 -

El título de esta editorial no es una expresión de deseo ni una consigna. Nada como el Che o Luca o Pappo vive. Nada de eso.
Arlt está vivo porque su obra está viva, porque un universo late en sus páginas y también en cada nueva lectura, porque uno no puede aproximarse a su trabajo como a un sarcófago y no se lo puede leer como a un clásico. Porque es imposible acercarse a su llama sin quemarse. Arlt está vivo porque habla con nuestro presente y también con el mañana. Y porque, como escribió Ricardo Piglia en un cuento del libro Nombre falso: también, como todos en este país, tenía una teoría sobre Roberto Arlt.
Cuando empezamos a charlar, a planificar este número, encontramos algunas discrepancias entre nosotros. Hablando de Arlt, decíamos, salieron a relucir las distintas visiones que tenemos de él, pero también de la literatura y de la lengua. Y creemos que, de alguna manera, esto solo ya justificaría este especial de Juguetes: Arlt no es una lectura cerrada para nosotros, no es una lectura cerrada para nadie. Todos en este país tenemos una teoría sobre él.
Seguimos, claro, con Onetti, profunda, definitivamente convencidos de que si algún habitante de estas humildes playas logró acercarse a la genialidad literaria, llevaba por nombre el de Roberto Arlt.
En 1932, 10 años antes de su muerte física, en ese manifiesto que es el prólogo de Los lanzallamas, Arlt lanza un desafío: y que el futuro diga. Y el futuro dice. Dice que él está vivo. Y generando ideas, debates, controversias, lecturas nuevas y repetidas. Preguntas.
¿Qué hacemos, se pregunta, por ejemplo, Abelardo Castillo y nosotros con él, con un genio casi analfabeto al quien le salían novelas como Los siete locos? Nos preguntamos, ¿es Arlt ese genio puro, el semianalfabeto que entre faltas de ortografía y errores gramaticales construye obras que golpean con la violencia de un cross a la mandíbula? ¿Creemos, entonces, en el mito del artista salvaje, del lector de malas traducciones de Dostoievski que escribe siempre apurado, corrigiendo poco y mal, más ocupado en las profundidades del alma de sus personajes y la densidad de la historia que en los tiempos verbales o, incluso, el nombre de un mismo personaje a lo largo del texto? ¿En el tipo que, dice, no sabe a ciencia cierta qué diferencia un verbo de un adverbio y sin embargo es capaz de escribir Haffner cae? ¿O elegimos creer que esa mitología, que el mismo Arlt alimentaba, no es sino una versión sesgada, incompleta, funcional, insuficiente?
¿Son sus anomalías formales el material necesario e indispensable del que obras maestras como El juguete rabioso, Los siete locos o Los lanzallamas se nutren? ¿O éstas son, por el contrario, obras maestras pese a esas anomalías? ¿Anomalías formales, ruptura con la lengua oficial o errores, sin más? Volvemos a Piglia: un escritor puede quebrar la estructura de las palabras, mezclar diversas lenguas, atomizar el lenguaje, pero en algún lado debe mantener la unidad. Yo creo que Arlt es uno de los pocos que marca su estilo a partir de la mezcla, del entrevero. Y el mismo Arlt: los pueblos que, como el nuestro, están en continua evolución, sacan palabras de todos los ángulos, palabras que indignan a los profesores, como le indigna a un profesor de boxeo europeo el hecho inconcebible de que un muchacho que boxea mal le rompa el alma a un alumno suyo que, técnicamente, es un perfecto pugilista. Pero, ¿qué palabras son las que le van a romper el alma al perfecto pugilista? ¿Basta para hablar de vastedad, o encristalada al adjetivar una puerta de vidrio? ¿O son rajá, turrito, rajá?
El estilo, se nos dice, por último, ese estilo que Arlt y sus críticos coincidían que no tenía, se construye leyendo. Se nos dice: Arlt leía poco y mayoritariamente malas traducciones españolas. ¿Puede construirse un personaje como Remo Erdosain casi sin lecturas, sólo con la cultura primaria que el mito le confiere? Él mismo nos da una respuesta tentativa, una respuesta que no apunta a su biografía porque no fue escrita para ser publicada, sino que está en una carta dirigida a su hermana, en 1930: Pensá que Erdosain puedo ser yo, pensá que ese dolor no se inventa ni tampoco es literatura.
De una forma o de otra, de cualquier forma que lo leamos, su obra conmociona y conmueve. Porque aún hoy, Arlt nos dice, como escribió Onetti hace casi treinta años, de manera torpe, genial y convincente, que nacer significa la aceptación de un pacto monstruoso y que, sin embargo, estar vivo es la única verdadera maravilla posible. Roberto Arlt está vivo. Esa es la maravilla de la que habla este número. Y que el futuro diga.
#9 contenido
(un aporte a la educación sentimental)
Arlt, el cronista de una ciudad imaginaria
- Entrevista con Ricardo Piglia -
Arlt, un peligro público
- Entrevista con Abelardo Castillo -
Arlt entre generaciones x J. L. Mangieri
La mentira de R. Arlt x David Viñas
El desierto entra a la ciudad
- Arlt y Sarmiento -
El futuro llegó
La reagrupación
Postales monstruosas
Y además: Arlt x Cortázar, Pichón Riviére, Álvaro Yunque y Raúl Larra
Etiquetas: Abelardo Castillo, David Viñas, El Juguete Rabioso, Los siete locos, Mangieri, Ricardo Piglia, Roberto Arlt, Sarmiento
jueves, mayo 17, 2007
Juguetes web

Leer no es fácil - Editorial #8 -

Hay dos respuestas intuitivas que nos parecieron, mientras pensábamos, demasiado fáciles. La primera era la indiferencia de suponer que a una revista literaria no le concierne el estado actual de los salarios de maestros y profesores. La segunda consistía en denunciar y hablar desde la Santa Indignación sobre los hechos de Neuquén sin preocuparnos de nosotros. Creemos que ni una ni otra nos expresa.
Nuestra pregunta es qué se hace con la literatura, el pensamiento, la cultura en general, mientras se vive en un país que condena al hambre y al silencio a los hombres y mujeres que han decidido dedicar su vida a la educación, qué vamos a decir de la poesía o del cuento que en estos meses nos conmovieron si aquellos que enseñan a chicos y jóvenes son reprimidos por el Estado en pleno día. Porque a pesar de que nos parezca remoto, nosotros también hemos aprendido a leer y a escribir en escuelas públicas, hemos estado sentados frente a una maestra que a duras penas llegaba a fin de mes y que, aun así, nos preparó para que después llegaran Walsh y Borges, Faulkner y Tolstoi.
Nuestro trabajo en Juguetes, y creo que podemos extenderlo a cualquier trabajo que se haga en territorio de la cultura, tiene tentaciones y puede cegarnos. En cualquier momento podemos convertirnos en Odiseo atado al mástil mientras dejamos que los marineros hagan el trabajo pesado para llevarnos a destino.
Ya dijimos cuáles fueron nuestras preguntas, ahora vamos a terminar con la única respuesta a la que pudimos llegar, las palabras no son nuestras, son de Cesare Pavese: Leer es tan fácil dicen aquellos a quienes la larga familiaridad con los libros ha quitado todo respeto por la palabra escrita; pero en cambio, quien trata hombres y cosas más que libros debe salir todas las mañanas de su casa y volver a la noche endurecido, cuando se repliega por casualidad sobre una página, se da cuenta de tener bajo los ojos algo áspero y poco común, evanescente pero fuerte al mismo tiempo, que lo agrede y lo descorazona. Es inútil decir que este último está más cerca de la verdadera lectura que el otro.
Entender la literatura como un acto de comunicación entre dos hombres, entender a esos hombres como personas reales que tienen algo para decir y que pelean con las palabras para lograrlo, saber que han llegado a estar el uno frente al otro sólo a condición de poseer una técnica, que esa técnica no es un don natural, y que sentir el esfuerzo que debemos hacer para comunicarnos es lo único que nos garantiza sentir al hombre que está detrás de las palabras. Ese puñado de certezas nos indican el sentido que querríamos que tengan estas páginas. Nos lleva a entender que el asesinato de un maestro en el sur es una de las maneras de restringir la técnica de la lectura y de la escritura a unos pocos, que los sueldos que no alcanzan, las escuelas que se vienen abajo, que el magro presupuesto para educación también son políticas de rechazo hacia un gran sector social que no podrá afirmar nunca que leer es fácil.
Nos quedamos, entonces, junto a Pavese, quien supo decir que los libros no son los hombres, son medios para llegar a ellos, quien los ama y no ama a los hombres, es un fatuo o un réprobo
#8 contenido

... un aporte a la educación sentimental...
Dossier Manuel Vázquez Montalbán
escriben: Paco Taibo II y el Subcomandante insurgente Marcos
Rodolfo Walsh y el policial
Un amenazante mundo exterior
Un relato de Daniel Chavarría
Para avión chiquito, pistola chiquita
Cómo escribir un policial negro
Arriba las manos o disparo x M. Sachez Soler
Ensayos Bonsai x Fabián Casas
Secciones:
Columna Sandokán x Rolo Diez
Postales de Tom Waits en Bs As
Revistas literarias: Historia de Black Mask
Etiquetas: Black Mask, Daniel Chavarría, Fabian Casas, Policial Negro, Rodolfo Walsh, Rolo Diez, Serie Noir, Taibo II, Tom Waits, Vazques Montalban
Lo que mas odian es la inteligencia - Editorial #7 -

Nos parece, en primera instancia, que las palabras más inteligentes sobre el debate vinieron de María Moreno, que dio el mejor marco para pensar lo ocurrido afirmaando que: Me sorprende que tanto Sarlo como Saccomanno y Bayer debatan en torno de una versión meramente ficticia. Porque no importa si Soriano ha sido o no insultado por los schollars, porque la anécdota funciona como un mito, algo que pone en juego otro tipo de verdad que la probada a través de evidencias. Advertir que lo que está en juego no es la veracidad del hecho en el sentido policial sino en un sentido más profundo donde se construye la recepción de la academia de un escritor que no había terminado el secundario pero que era dueño de un éxito arrollador entre el público es darle a los hechos una dimensión más justa. También lo es afirmar que la figura de intelectual remilgado y elitista de la que es dueña Beatriz Sarlo ha juntado rabia hasta tal punto que Saccomanno llega a hablar, con justicia, de humillación y venganza en su primer texto.
Parece que la idea de un escritor capaz de amplificar la voz de gran parte de la sociedad, de poner en palabras las sensaciones y pensamientos de los muchos lectores que tuvo y tiene es violentamente opuesta a la del intelectual que reniega del mundo que vive fuera de los muros del claustro. Es una oposición entre lo que está vivo y lo está muerto, pero también entre quien es capaz de escuchar y narrar lo escuchado a sus pares y entre quien sólo habla para un público selecto, entre quien es capaz de dar espíritu a los demás (en palabras de Fabián Casas) y los avaros del saber. Existe, entonces, en la construcción de la leyenda que hoy se discute, un trasfondo de posibilidades y decisiones que parece estar borrado por los ataques y defensas de los interlocutores.
Nosotros no queremos ser espectadores de esa batalla sino optar por quien lleva adelante la tarea de intelectual haciéndose cargo de que su voz es más escuchada y por lo tanto requiere responsabilidad y honestidad. Hay una anécdota contada en una entrevista por el mismo Soriano que ejemplifica esto: Sencilla, pero gravemente, diría, al final de ese Congreso (La Habana en 1981) había que producir una declaración final de condena a las dictaduras latinoamericanas. Éramos trece argentinos y desgraciadamente sólo recuerdo a David Viñas y a Pablo Piacentini. De todos, uno solo perteneciente al Partido Comunista Argentino. El caso es que cuando nosotros queríamos que se incluyera el Proceso como una dictadura, nos votaban en contra. Recordar esto me resulta vergonzoso. Era la alianza que en aquella época tenía el PC con el gobierno de entonces y que Isidoro Gílbert cuenta en su libro. Nosotros hablábamos de dictadura y ellos corregían: autoridades militares. Fue una batalla feroz. Tanto, que hoy nos reímos de que, con Viñas, nos turnábamos para ir a mear, porque si íbamos juntos, al volver a la sala de sesiones el párrafo de condena a la dictadura argentina había desaparecido. Desgraciadamente no recuerdo a los demás integrantes del grupo, pero estoy seguro que Viñas tiene que acordarse porque fue él, en forma brillante, el que terminó con eso poniendo sobre la mesa la figura del Che para decir que si él hubiese estado ahí habría roto a patadas el congreso.
Siempre dijimos, y todavía sostenemos, que no creemos que haga falta tener compromiso social para escribir buenos libros. Del mismo modo creemos que la voz que uno gana escribiendo o haciendo música o pintando cuadros debe ser utilizada para mejorar el mundo en que vivimos y sino, si con ella nos acomodamos en un lugar de poder, si hacemos de nuestro saber un saber de uso exclusivo, si desperdiciamos nuestras palabras, entonces mejor es callar a decir.
Soriano y Sarlo pudieron no haberse visto nunca, pudo Sarlo no invitarlo, pudo Soriano no ser humillado por los estudiantes, pero entre ellos sigue sin borrarse la diferencia de sus elecciones. Miguel de Unamuno dijo alguna vez que lo que más odian es la inteligencia, la inteligencia, sí, pero no la limpia y desapasionada comprensión del desafectado sino la de los hombres y mujeres que con honestidad asumen el riesgo de su propia lucidez.
#7 contenido

(un aporte a la educación sentimental)
* Dossier:
¿Quién no le teme a Juan Carlos Onetti?
Escribe Andrés Rivera
También Tres preguntas sin respuesta a M. E. Giglio - Palabras de Roa Bastos a 10 años de la muerte de Onetti - Bichicome, uno de sus cuentos menos difundidos
* Entrevista a Liliana Heker
* Llegaron los dinosaurios (una lectura de Chuki P.)
* Tanta vida (la poesía entre Pizarnik y Urondo)
* Columna Sandokán (un dialogo entre Onetti y Galeano)
* Zugzwang (Postales del ajedrez)
* Debate con la profesora J. Ludmer
* Ensayo Bonsai by Fabian Casas
Etiquetas: Alejandra Pizarnik, Andrés Rivera, Chuck Palahniuk, Francisco Urondo, Juan Carlos Onetti, Liliana Heker, Ludmer
miércoles, diciembre 06, 2006
La educación sentimental - editorial #6 -

En el comienzo, diremos en este número, fue el verbo. “Cuando tenía catorce años me inició en los deleites y afanes de la literatura bandolerezca un viejo zapatero andaluz...”. En el comienzo, la palabra mágica de Arlt que nos inicia con su propia iniciación, que admite que en nuestro origen esté la literatura.
Cada uno de nosotros lleva consigo el primer paso que dio hacia ella, cuando la palabra escrita era, en sí misma, un hechizo. Ahora sabemos que la aventura de Juguetes consiste en avanzar sin apartarnos nunca de ese comienzo, de esa puerta que se abrió, de una vez y para siempre, y nos dejó instalados en el mundo de Los Que Cuentan. Tirando del hilo descubrimos que nuestra apuesta es no despedirnos del viejo zapatero andaluz, del primer maestro de nuestra educación sentimental que, fuera del colegio y de la siesta de la tarde, nos invitó a ser pirata o espadachín, princesa, guerrera, vampiro, ladrón de ricos. Que nos formó, con la fuerza del mito, y nos empezó a contar, sin que lo supiéramos, quiénes seríamos. Tirando del hilo descubrimos que desde hace mucho Peter Pan nos cuida los sueños.
El nombre que intuitivamente elegimos se fue haciendo cada vez mas presente en nuestro trabajo y este número es tal vez el que más puentes teje entre infancia y adultez, entre nuestras perplejidades y nuestras convicciones. En sus páginas conviven el joven Marx poeta y el extremismo salgariano de Taibo II, la ética de Sandokan y el horror de Cronenberg. Todas ellas pequeñas muestras de las pocas certezas que tenemos y las muchas intuiciones que nos acechan. Y haciendo Juguetes también fuimos encontrando nuevos educadores sentimentales que hicieron crecer nuestras ansias de historias.
Así terminamos el año, colmados de ideas y expectativas para el año que viene, deseando que Juguetes sea un lugar de encuentro entre el viejo zapatero andaluz y el niño que no creció nunca. Así terminamos el año, enamorados de esta aventura interminable que descubrimos, la de cobrar forma. Con Peter Pan cuidándonos los sueños.
#6 Contenido

Un aporte a la educación sentimental
- Un salgariano de extrema izquierda
Escribe Liliana Heker
- Un joven poeta alemán
Traducciones de Marx
- La revolución del No
Traducción de un discurso de Saramago
- Postales
Instantáneas del boxeo
- Ensayos bonsai
by Fabián Casas
- La hoguera de las vanidades
Cine y conocimiento en David Cronenberg
- Tres poemas
Traducciones de Edna St. Vincent Millay
- A veces se pierde
Un cuento de Enrique Ferrari
Etiquetas: Cronenberg, Edna St. Vincent Millay, Enrique Ferrari, Marx, Salgari, Sandokan, Saramago, Taibo II
martes, octubre 03, 2006
Editorial urgente - #5 -

#5 Contenido

- DOSSIER KAFKA: dos lecturas del incomparable escritor checo y la traducción de dos de sus cartas.
- HEMINGWAY: poemas inéditos en español del gran Mr. Papá.
- CHUCK PALAHNIUK: la presentación del último libro del autor del Club de la Pelea y una lectura de su trabajo.
- POSTALES CARPOSAURIAS: a casi dos años de su partida, recordamos a Pappo.
- ANDRÉS RIVERA: conversamos con el autor de La Revolución es un sueño eterno.
- Y Además: un cuento de Ernesto Bavio, consejos (Quiroga, Castillo, Chandler) y más…
Etiquetas: Andrés Rivera, Chuck Palahniuk, Ernest Hemingway, Franz Kafka, Pappo
miércoles, agosto 02, 2006
A modo de editorial - #4 -

Hace un año y medio atrás, cuando este proyecto empezó, sabíamos -apenas- qué cosas no queríamos ser. Nos costó un par de números y algunas discusiones menores averiguar qué revista queríamos construir. Y estos meses de silencio nos sirvieron para encontrar los primeros pasos para llegar a ser esa revista. Que no es esta. No todavía. Nos gustaría otro formato, un circuito de distribución más amplio, un grado mayor de diversidad temática, poder ponerle un precio, entre otras cosas. Pero este es un primer paso, creemos, para que Juguetes tenga el tamaño de nuestros sueños. Sin apuros, sin urgencias, por el placer de juntarnos, de pensar y escribir.
Nuestro propósito es hacer circular los trabajos que consideremos valiosos sin importar la edad del autor, ni su nacionalidad, ni si es desconocido o famoso, si tiene varios libros publicados o permanece inédito, sin importar el género que cultiva. Porque no queremos ser una tribuna de difusión de un estilo o de autores por el único hecho de ser jóvenes- argentinos-desconocidos, no es nuestro juego crear una secta de los nuevos escritores ocultos, como tampoco el de repetir textos remanidos de autores famosísimos o poner la cara del Che en la tapa cada tres números para que la revista sea más atractiva. Es decir, es muy posible que no vayamos a publicar el relato Una rosa para Emilly, porque probablemente la mayoría de quienes nos lean ya lo conozcan, pero a un autor inédito lo vamos a medir con la misma vara con la que medimos a Faulkner. Y cuando presentemos escritos de autores reconocidos trataremos que sean inéditos en español o poco difundidos (una vez más, ¿quién no leyó Una rosa para Emilly?) no por el culto a la novedad, sino para que quienes los lean encuentren en estas páginas algo que no esté ya en su biblioteca, esas perlas que, por cualquier razón, llegaron a nuestras manos.
No queremos hacer opinología pura (esto es bueno porque a mi me gusta) ni academicismo de ningún color. No nos interesan los circuitos literarios. Nos reservamos el derecho de repensar la literatura -corrientes, historia, ideología, particularidades locales, escritos y escritores- porque creemos que es una aventura más rica, más interesante y más digna, la de elaborar, pensar y discutir desde nuestras lecturas literarias -pero también filosóficas y políticas-, desde nuestras historias y nuestras éticas. Y opinar sólo cuando tengamos algo para decir.
Coincidíamos en una conversación no hace mucho, en que no son tantos los potenciales lectores de Juguetes, pero son aquellos con los que estamos interesados en dialogar, y creemos que sólo así vamos a encontrarlos: esos tipos a los que una vez Ricardo Piglia definió como el modelo del lector que está buscando un texto perdido en la maraña de librerías.
Recomenzamos la juguetería y la rabia.
Ojalá seas, parafraseando a Borges, el lector que estas páginas aguardaban.
#4 Contentido

En este #4 de Juguetes Rabiosos:
- Discusión (un malentendido)
- Postales faulknerianas
- Bertolt Brecht interrogado
- Visiones peligrosas. Una lectura de Carver
- Ciudad de Dios. Un cuento de R. Fomseca
- Dos Cartas del viejo perro
- Tensión. Una lectura de Ricardo Piglia.
- Cómo empezar: Hemingway, Castillo, Onetti, te tiran un centro.
Etiquetas: Bertolt Brecht, Bukowski, David Viñas, Faulkner, Fonseca, Raymond Carver, Ricardo Piglia